
A la luz de los álamos
acude un cuervo y canta.
La vida es amarilla, ajena y arde.
Sus alas son de lluvia que no llega.
Yo sueño que mi voz es un pastor
que vio nacer a todas sus ovejas,
conoce de memoria sus nombres y sus miedos,
el cielo y sus anuncios y amenazas.
Se sienta en una piedra
y es piedra y es persona y es paisaje.
Ve cómo vuelo, cómo se va el día.
Vuelve a pensar en los que son felices
sólo porque están lejos,
sencillamente porque no son él.
Y canta algo muy viejo en voz muy baja.
Entorna ojos y alma
para escuchar el ruido de las mieses,
su mar seco, el solano
silbando entre los hilos de la luz.
Da su voz a los álamos
para que acuda un cuervo o un poema
que diga nunca más.
Todo esto ya ha ocurrido. Nunca más
Juan Vicente Piqueras
Aldea
(Cuando estuve en España me traje 11 libros. 9 de poemas. Los he leído, algunos varias veces. Me gustaron mucho aunque ho haya hablado todavía de ellos. Vuelvo sin embargo a este autor .
Como una recaída, como si padeciese un síndrome. Una y otra vez a . ¿Acaso se nota mi debilidad...?)